Un tema de milenaria tradición es el impulso del hombre de buscar calmar sus dolores, heridas o problemas con la autoadministración de medicamentos basado inicialmente en una tentativa personal y luego inspirado en la tradición gestual y oral.
En la antiguedad reciente el doliente recurría a hierbas, minerales, extractos animales y/o vegetales, pócimas que le facilitaban los consejeros mas allegados, que generalmente eran parientes o vecinos.
Cuando ya la situación era irremediable, valga la expresión, recurrían a chamanes o a los doctos de la época.
Es decir cuando el problema sugería una peor evolución se recurría en la instancia de los experimentados o conocedores farmacéuticos del lugar y de la época.
Si existían efectos indeseados provocados por la medicación, éstos no eran identificados o eran raramente vinculados con los medicamentos, sino con la evolución natural de la afección. “Era incurable” decían.
Luego de tres milenios sigue encarnado profundamente en la genética del ser humano, el impulso de la automedicación. No ha cambiado nada.
Es pertinente recordar que los medicamentos más utilizados empíricamente incluyen los analgésicos, antibióticos y antirreumáticos por citar a los mas frecuentes.
Hay muchísimos analgésicos, generalmente con propiedades antifebriles, antirreumáticas, antiinflamatorias e incluso con la propiedad de evitar el espesamiento sanguíneo, técnicamente denominados antiagregantes plaquetarios.
Algunos provocan gastritis, ulceras y hemorragias digestivas de diversa magnitud. Demás esta decir que asociados al alcohol en sus diversas formas son potenciados en sus efectos deletéreos.
Otros puede afectar a los riñones con variada severidad más aun si la ingesta de agua es reducida en el individuo, la deshidratación mínima más el efecto tóxico renal de medicamentos se sinergizan para provocar un daño evitable.
La ingesta de medicamentos con leche, alimentos, antiácidos, bebidas con cafeína, con agregados artificiales pueden inactivar, anular o potenciar a ciertas drogas y derivar en efectos inesperados similares a la falta de acción o a la intoxicación.
Existen analgésicos o antibióticos que pueden provocar reacciones alérgicas graves o trastornos hepáticos irreversibles, incluso individualmente cada uno de ellos y ni que decir si se asocian un analgésico y antibiótico potencialmente alergénicos.
Esta reflexión es con el propósito no de atemorizar, sino de educar.
El profesional de la salud cuando prescribe un medicamento generalmente ya conoce las llamadas reacciones adversas o efectos colaterales de cada medicamento y las llamadas interacciones, que se refiere a la compatibilidad o no de ingerir una combinación de medicamentos, que solos no producen daño indeseado pero que asociados con otros, disparan la aparición de efectos negativos, a veces de manejo mas costoso que la enfermedad que inspiró su uso.
Conclusión, la automedicación tiene que ser muy limitada a un cierto número de medicamentos de experiencia exclusivamente personal y no está demás leer el prospecto de los mismos antes de ingerirlas. Su organismo le agradecerá y tal vez se evite muchas situaciones inesperadas y desagradables.
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